Hoy conocemos a…: Carlos Chacón, referente en la halterofilia navarra: “La medalla española llegará; estoy convencido”

El deportista de Anaitasuna ha ganado todos los campeonatos navarros en los que ha participado, pero sigue a un solo paso de subirse al podio en el Campeonato de España

A Carlos Chacón Sánchez (Guayaquil, Ecuador, 02-03-1991) le apena no haberse dado cuenta antes de lo mucho que iba a darle la halterofilia. Con 16 años, llegó a España y ya con 17 entró en la S.C.D.R. Anaitasuna, empujado por sus amigos, que se habían apuntado a la sección y en ese primer año, cosecharon resultados impensables, con campeonatos y subcampeonatos de España sub-17. Sin embargo, cuando este joven cruzó las puertas del club navarro, tuvo que competir con deportistas de mayor edad, lo que implicó una dificultad mucho mayor para cosechar éxitos.

“Empecé en la halterofilia para conocer un poco en qué consistía este deporte, pero, al final, me quedé enganchado. Sin embargo, no fue hasta hace cinco o seis años cuando decidí dar un paso más en firme. Cómo no hacerlo, si aquí en la sección tenemos la suerte de contar con personas que compiten en la élite, con buenísimas marcas”, explica, siempre sin dejar de reseñar que son “gente de a pie”. “Yo tengo mi trabajo, estudio… Somos personas humiles. Pero estoy contentísimo de haber dado ese paso y siempre tengo muchas ganas de seguir creciendo como haltera”, apunta.

Sus palabras esconden sus logros, ya que se ha colgado la medalla de oro en todos los campeonatos navarros en los que ha participado, además de haber firmado también importantes resultados en Euskadi. A nivel nacional, no obstante, reconoce que todavía le queda el sueño de subir al podio. Su máxima marca es un cuarto puesto en un Campeonato de España, a un kilo de diferencia con el que logró el bronce. “No te imaginas la rabia que da, porque, además, ahí se pelean también las becas”, alega.

En las competiciones por equipos, en cambio, conserva aún la inmensa alegría que el conjunto masculino de Anaitasuna sintió el año pasado al clasificarse por primera vez para la Copa del Rey, un torneo en el que ya habían participado mujeres del club navarro, pero que todavía seguía vetado para los hombres. “Para nosotros, fue algo increíble. Fuimos el equipo revelación, la Cenicienta del torneo. Como experiencia, fue única, sobre todo, porque no compites para ti, sino al lado de cinco compañeros, todos luchando por un éxito en común. La alegría después es máxima”, avala. Quedaron séptimos, aunque estuvieron a las puertas de estar codeándose con los cuatro mejores. “Solo el hecho de ir ya fue un logro importantísimo”, destaca.

De su época de adolescente, recuerda que, mientras estaba estudiando en Nuestra Señora del Huerto, miembros de la Federación Navarra de Halterofilia acudieron al colegio para mostrar a los alumnos las claves básicas de la halterofilia. Muchos de sus amigos se iniciaron en ese momento, aunque a él todavía no le terminó de picar el gusanillo. En ese período de su vida, él prefería jugar al fútbol, no a “un deporte raro como la halterofilia”, dice. “Qué pena no haber sabido antes todo lo que sé ahora y haber desterrado mitos tan absurdos. Llegar a la halterofilia fue un gran cambio, con aires muy diferentes a todo lo que había probado. Descubrí el ambiente tan bueno que había en la sección, las sensaciones que se experimentaban… Después, llegaron los logros de las mínimas, conseguir los objetivos individuales… Poder acudir a los primeros campeonatos, aunque fuera en la última posición, me hizo sentir muy feliz”, relata.

“UN AÑADIDO”

En esos inicios, la halterofilia era para él “un añadido”. “Yo jugaba entonces a fútbol sala y me lo tomaba como un complemento, un suplemento para estar fuerte, para mantenerme, para mejorar las piernas. Creo que la halterofilia es la base para cualquier deporte“. Pero, poco a poco, fueron saliendo los resultados. “Esa fue la motivación extra que necesitaba, el motor que me animó a esforzarme más, a dar un paso adelante, a entrenar más, a intentarlo. Di el paso y ahora estoy muy contento por ello”, expone.

Si se indaga un poco más en esa felicidad que Chacón siempre tiene en la punta de la lengua, el deportistas de Anaitasuna confiesa que es una sensación extraña: “Nos pegamos entrenando cinco días a la semana y la mayoría de aquí somos gente trabajadora que, a pesar de ello, nos implicamos al máximo”. “Yo vengo a entrenar todos los días porque tengo unos objetivos marcados, que me servirán después para sacar unas mínimas, que me abrirán a su vez la puerta a los campeonatos. Y ahí está la clave. La competición son cuatro, cinco, diez segundos a lo sumo, en los que estás en la tarima. Haces el levantamiento y ya está. La sensación de estar tres meses preparando sin descanso esos diez segundos y que luego en tan poco tiempo se haya terminado todo es indescriptible. Es un chute enorme de adrenalina, de emoción absoluta. También cuando lo fallas, obviamente, porque sufres un gran bajonazo. Pero enseguida te entran ganas de empezar de nuevo la preparación y de volver a entrenar, de superarte y de conseguir lo que no pudiste levantar la última vez”, argumenta.

Es en esa reflexión cuando cae en la cuenta de lo que hubiera podido conseguir de haber conocido antes la halterofilia. “Date cuenta -alega- de que aquí entrenas al lado de unas bestias increíbles, que tienen marcas muy potentes. Verlos tan cerca te hace pensar en qué habría podido pasar si en esos primeros años, en lugar de haberme quedado conociendo el deporte, me hubiera dedicado más a fondo”.

Anaitasuna es, en su opinión, un lugar fortísimo para avanzar en la halterofilia. “Tenemos la fortuna de contar con una cantera muy buena. En los últimos años, además, la sección ha dado un giro muy positivo. Primero, con el cambio de sala, porque antes había una muy vieja, en la que solo había sangre, sudor y lágrimas. Pero ahora disponemos de una más grande, en la que, lógicamente, se pusieron clases, lo que nos limita un poco los horarios y los entrenamientos, pero nos buscamos la vida encantados. Ha sido un cambio a mejor, ya que antes estábamos estancados. Cuando entró nueva sabia al frente, fue como volver a comenzar. Se subieron marcas; de estar diez personas con licencia, pasamos a no tener huecos para entrenar; y de tener a uno o dos críos, ahora contamos con más de 20″, subraya.

Con ese bagaje a la espalda, las comparaciones con otros clubes de Navarra no dejan lugar a dudas, tal y como proclama: “En Navarra, Anaitasuna es la élite. No es por menospreciar a los otros equipos, pero ahora mismo, en Navarra no tenemos rival. Venimos de lograr un séptimo puesto a nivel nacional en una competición en la que solo entran 12 equipos de los más de 150 conjuntos nacionales que se pelean por acceder a él”.

Parece sencillo, pero detrás de ese logro hay muchísimo trabajo. “Muchísimos nervios, muchísimos fallos, muchísimos entrenamientos”, precisa. Y no solo eso, sino que “también tienes que hacer los descansos adecuados, vigilar tu alimentación… Y tener una buena actitud”.

EL APOYO DEL CROSSFIT

De un tiempo a esta parte, revela que el boom del CrossFit les ha ayudado a que se conozca mejor la halterofilia entre la población. “La gente se ha dado cuenta de que es un deporte que lo puede practicar cualquiera. Aquí en Anaitasuna, por ejemplo, lo practican desde niños y niñas de siete años, hasta personas de más de 50. Y los primeros consiguen medallas en los campeonatos navarros de técnica, porque con esa edad todavía no levantan peso; y entre los segundos tenemos a Mikel Muniáin, que está ganando torneos máster a nivel europeo y mundial”, afirma.

El propio ejemplo de Chacón es el que más encaja en esa descripción de ser un deporte abierto a cualquier persona. “Al principio, yo era nulo. No tenía movilidad y era muy rígido. Pero con trabajo y esfuerzo, todo se saca. La halterofilia es un deporte que requiere mucha técnica. Sí, también fuerza, pero la técnica es fundamental. La constancia, la potencia, la elasticidad, la coordinación… Se juntan muchos factores en los que trabaja todo tu cuerpo”, manifiesta.

Con unas marcas máximas de 115 kilos en arrancada y 150 kilos en dos tiempos, admite que todavía le queda la espina de no haber ganado una medalla en un Campeonato de España. De hecho, si se le pregunta por la prueba que recuerda con más claridad, le viene a la memoria aquella en la que realizó una competición perfecta: “En arrancada hacemos tres movimientos y en dos tiempos, otros tres. En esa ocasión, los seis que hice fueron válidos. Competidores y entrenadores de talla nacional vinieron a felicitarme y a darme la enhorabuena, y yo estaba contento por lo que había conseguido. Pero me quedé cuarto, simplemente porque el tercero había hecho lo mismo que yo, pero antes, y eso da mucha rabia”.

“Las medallas a nivel nacional llegarán. Estoy convencido. Nunca he tirado la toalla y este año voy a luchar también para conseguir la primera“, pronuncia con convicción. La edad, para él, no es un impedimento. “La edad es como el viento -avisa-, viejo pero continúa soplando. Yo no me pongo ninguna meta en cuanto a años; vivo al día, campeonato a campeonato, marcándome objetivos tanto individuales como a nivel de equipo y luchando por conseguirlos. Si las lesiones me respetan, iré paso a paso cumpliendo esos objetivos”, sentencia.

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