Hoy conocemos a…: Íñigo Juango, socio de la Peña Anaitasuna: “La riqueza que da una peña a un club es algo insustituible”

Entró a la peña con 16 años y en el 2017 recibió la Pancarta de Oro por su actitud solidaria de apoyar a todo aquel que necesita ayuda

Una de las cosas buenas que tiene Íñigo Juango Arteaga (Pamplona, 06-05-1974) es que, como a muchos otros miembros de Anaitasuna, sus padres lo hicieron socio del club antes siquiera de inscribirlo en el Registro Civil. Y eso te marca.

A los 16 años, cuando ya se le permitió entrar a la plaza de toros durante los Sanfermines, corrió a hacerse socio también de la Peña Anaitasuna. Han pasado más de 20 años. Esas dos décadas de vinculación atesoran buenos y malos momentos, sobre todo de los primeros, y muchos de ellos viven en la memoria con el sonido de su bombo en las diferentes charangas que ha tenido la peña.

“El bombo lo he tocado desde niño”, cuenta orgulloso, antes de desvelar cómo sus padres y sus tíos le regalaron un bombo de color verde, hecho a medida, cuando tenía ocho años. “Lo compraron en Estella y, durante muchos años, estuve tocando aquel bombo. A los 13 o 14, un amigo, Juan Manuel González Amóstegui, me regaló una caja, que estuve tocando durante varios años. Pero volví después al bombo, porque volvía loco a toda la charanga”, ríe.

Cómo cambió de bombo también tiene una preciosa anécdota: “En los Sanfermines del año 2000, yo tenía que hacer barra en la peña la noche del 7 al 8, a las 2 de la mañana. Fui a casa de mis abuelos a cenar y, después, me tumbé en la cama. Me quedé dormido y cuando me desperté eran las 5.30 horas. Ese mismo día, fui a la peña, les pedí disculpas y les dije que me pusieran otro día en la barra. Pero me contestaron que no podían pasar eso por alto y que lo más seguro es que me echaran de la peña. Llegó el 14 de julio y se me presentó, me acuerdo como si fuese hoy, me emociono de solo pensarlo, el presidente, Juan Bueno, que me dijo: ‘Tú sabes que el hecho de no hacer barra corresponde a una sanción de 365 días. Por lo tanto, a partir del año que viene, que sepas que no estarás en la peña. Pero antes de mandarte a tomar por saco, te queremos hacer un regalo’. Y aparecieron los demás para darme un bombo nuevo, pero, esta vez, grande. Por supuesto, no hubo ninguna sanción“.

Esta vivencia refleja una de los aspectos que Juango más valora, la acogida que tanto en la peña como en el club siempre le han dado. Y aquí entra en juego su discapacidad. Este pamplonés tiene menos de un 10% de visión. “Un 10% difícil, que se llama -puntualiza-. Legalmente, estoy considerado como una persona ciega. Pero una de las cosas que aprendí cuando me afilié a la ONCE es que una misma cosa se puede llamar de maneras diferentes. Tú puedes decir que yo no soy ciego, porque veo. Pero allí me enseñaron que lo correcto es que soy ciego con resto visual“.

La disposición de todo el mundo para que nunca se sintiera excluido por esa discapacidad, para Juango es muy importante. “Siempre han tenido la consideración para que fuera tocando con la charanga, para ayudarme a superar las dificultades. Ese cariño es algo único“, sostiene.

“DARME DE BAJA, LO ÚLTIMO QUE HARÍA”

Por esa razón, entre otros detalles, jamás se daría de baja del club. “Sería lo último que hiciese. Y eso que no vengo mucho, pero las amistades que tengo, el círculo más cercano, el entorno… El Anaita es parte de mi vida, así de claro”, subraya, antes de añadir que siempre ha sido bien aceptado en la S.C.D.R. Anaitasuna. “Nunca he notado que mi discapacidad fuese un impedimento para nada, cosa que en otros sitios sí que sería. Pero aquí, todo el mundo se ha preocupado para que estuviera bien. Alguien que va pendiente de si hay algún escalón que yo no pueda ver, o ayudarme en las aglomeraciones de las fiestas, cuando la charanga se puede partir en dos… Siempre he sido muy bien acogido”, refleja.

Sin embargo, lo que más relevancia posee para él es estar dentro de la Peña Anaitasuna. “Ser miembro de la peña lo supone todo para mí. Si no fuera miembro, los Sanfermines serían muy distintos. Creo que la esencia de estas fiestas, digan lo que digan y a pesar de la mala fama que puedan tener, es contar con las peñas. En las fiestas de otros sitios, no tienen la misma espontaneidad que aquí y no dejan meterse con ellas al público. En las peñas de Pamplona, cabe todo el mundo, el de Pamplona y el de fuera. Y el ambiente que ponen… Vas por por el Casco Antiguo y es una charanga cada cinco minutos, o vas a un sitio en el que se juntan dos o tres peñas… Es un espectáculo indescriptible”, relata.

Aunque reconoce que la naturaleza de la peña es su labor durante los Sanfermines, apunta que se organizan muchísimas más actividades, como las recientes sidrería celebrada en Pamplona o el Gazte Eguna. “Para un club deportivo, tener una peña supone abarcar un abanico enorme de posibilidades. Sobre todo, a nivel cultural, porque una peña a un club deportivo le aporta muchísima cultura“, alega Juango, que expone que cultura no solo son las obras de teatro o los grandes conciertos de música: “Hay cultura folclórica, cultura tradicional, cultura gastronómica… Hay muchos tipos de cultura”.

En este sentido, recalca que en la peña existe una gran variedad de actos. “Tenemos el Día del socio, el Gazte Eguna, los carnavales, los Sanfermines, las cenas de Escalera, charlas, presentaciones… Y eso da mucha riqueza. Para Anaitasuna, es un complemento muy importante, porque la peña es algo muy especial“, sentencia.

LA PANCARTA DE ORO

También si echa la vista atrás, confiesa que hay un momento vivido con la peña que guarda muy adentro, la Pancarta de Oro que le entregaron el 24 de junio del 2017. “Fue un recuerdo muy bonito, un hecho que recuerdo con muchísimo cariño. Me hicieron ese reconocimiento no por ser de la peña, sino por, según ellos, mi forma de ser, mi forma de actuar, ya que estoy bastante metido en temas solidarios. Siempre he sido de echar una mano a todo aquel que lo necesitara, luchando para que las personas con discapacidad puedan hacer una vida normal, igual que las demás personas“, defiende.

El reconocimiento de la peña, eso sí, no pudo disfrutarlo tanto como deseaba, ya que esa misma tarde se había comprometido a una actuación en Olaz, por lo que, nada más terminar el acto de entrega del premio, lo fueron a recoger y se quedó sin comer con sus compañeros y sin poder salir con la Txaranga Malatxo por las calles de Pamplona. Pero guarda el vídeo que se publicó en YouTube, para verlo de vez en cuando y recuperar las emociones que sintió.

Ese, además, fue un día especial desde el comienzo, porque tenía que decidir a qué asociación o colectivo entregaba la aportación económica del galardón. “Elegí a la asociación Retina Navarra, porque es una entidad pequeña y le iba a venir muy bien ese dinero. Recuerdo que llegué con el presidente de la asociación, José Mari Casado, que ha sido una referencia absoluta para mí desde que me dio clases de educación especial en el año 1988. Me enseñó a no admitir un no por respuesta, a intentarlo todo, a insistir, a ponerme cabezón cuando me tengo que poner cabezón, y a echar un improperio cuando hay que echarlo. A pedir que no se me sobreproteja, porque hay momentos en los que las personas, con buena intención, te intentan proteger demasiado”, afirma.

Dentro de la Peña Anaitasuna, Juango ha tocado el bombo con varias charangas. “Con la de Aoiz, los Sonido Band, con unos de Corella… Pero con la Malatxo tengo un vínculo muy grande. Este año, tenemos que celebrar los 20 años de vida, porque, aunque comenzaron con la peña en el 2000, debido a la pandemia, no hemos podido celebrar el aniversario como se merece. Juntos hemos vivido muchas experiencias, tanto buenas como malas. Recuerdo cómo, por ejemplo, el 26 de agosto del 2003 sufrieron un terrible accidente en el que fallecieron los músicos Carlos Goicoechea, Íñigo Espila y Mikel Barcelona. Ese fue un momento muy duro, pero las experiencias duras también unen”, alega.

De cara a estos Sanfermines, con la pandemia ya en retirada, asegura que los va a coger con muchas ganas. Aun así, pone objeciones: “Creo que este año debería ser en el que nos planteáramos unos Sanfermines dispersos por toda la ciudad. ¿Por qué las peñas solo salen por la parte vieja? ¿No pueden animar a la gente en San Jorge, San Juan, Iturrama o Mendillorri? ¿Por qué los Sanfermines no pueden ser como las Fallas, con 370 fallas plantadas en 370 plazas de Valencia a lo largo y ancho de toda la ciudad?”.

Y antes de terminar la entrevista, este consejero territorial de la ONCE en Navarra, que forma parte del programa de radio solidario El cofre del capitán Morgan (en el que dan voz a entidades y personas que trabajan por la sociedad y que llevan historias de superación), que colabora con Chuchín Ibáñez, que está como voluntario en ANFAS y que pertenece, como percusionista, a un cuarteto de un grupo formado en la parroquia del Padre Nuestro de Mendillorri, llamado Coumi, desea que se dé visibilidad a las personas que tienen una discapacidad. “No somos incapaces ni inútiles. Podemos vivir la fiesta como los demás y podemos hacer las cosas como todo el mundo. Con los medios que nos puedan poner para ayudarnos, podemos ser iguales a los demás. Solo hace falta actitud”, concluye.

X