Hoy conocemos a…: José Alonso, uno de los ‘padres’ del balonmano de Anaitasuna: “Siempre animo a mis chicos a que compitan y a que sean felices jugando”

Con casi 20 años dentro de la sección de balonmano, ha visto crecer y madurar a miles de chicos y chicas, de los que se queda, sobre todo, con su cariño

Los ojos de José Alonso Larranua (Pamplona, 24-06-1968) tienen cuando habla el brillo de quienes sienten verdadera pasión por lo que hacen. Socio de toda la vida de Anaitasuna, para muchas generaciones, su rostro está ligado a los inicios del balonmano, deporte en el que ha entrenado a miles de niños y niñas en casi 20 años dentro de la sección del club navarro.

Empezó en el 2003, cuando en Anaitasuna solo había un equipo en cada categoría, y ahora forma parte de una sección en la que alrededor de cuatro centenares de pequeños y adolescentes avanzan con paso firme en un deporte en el que, en Navarra, ningún equipo consigue hacerle sombra. Él también pasó esos años cuando, de chaval, llegó hasta juveniles jugando como extremo con la camiseta del club de su vida. Sin embargo, su arranque como entrenador fue fuera de las instalaciones de la sociedad navarra.

“Salí del club porque, en aquel momento, no era lo suficientemente bueno, ya que hubo en esa época unas generaciones de jugadores muy potentes. Pero tuve la mala fortuna de que, con 19 años, me lesioné la rodilla, los ligamentos cruzados, y ya no volví a jugar”, relata, para después añadir que siempre le había llamado la atención la figura del entrenador. “Fue seguido. Dejé de jugar, me recuperé un poco y, a los 20 años, empecé a entrenar. Lo hice en mi barrio, la Txantrea. Comencé a formarme y a realizar los cursos de monitor o de entrenador territorial. Y como en la última etapa de jugador había estado en Villava, me ofrecieron entrenar allí. Arranqué por la cantera y allí me saqué el título de entrenador nacional. Al final, conseguí entrenar al primer equipo”, cuenta.

Tras nueve años allí, llegó el momento de la vuelta a casa. “Es algo que le tengo que agradecer a Javier Labairu -explica-, porque se fijó en mí y me quiso fichar cuando aquí se iba a iniciar el gigantesco cambio que hemos tenido”. No obstante, dio la casualidad de que Juanto Apezetxea, que lo conocía, comenzó a coger las riendas del equipo de 1ª Nacional, la misma categoría en la que Alonso había entrenado en el Beti Onak. Así que, justo cuando regresó, lo hizo como su segundo entrenador. “En nuestro segundo año, conseguimos ascender a División de Honor Plata, en la que estuve el primer año. Después, por imposibilidad de compaginarlo con mi trabajo, lo tuve que dejar”, se lamenta.

Ese año en blanco en el balonmano terminó cuando su amigo Natxo Izquierdo, el padre de Ander Izquierdo, le presentó al equipo de alevines que estaba montando Anaitasuna. “Él me volvió a reenganchar a Anaitasuna, concretamente, a la cantera. Y hasta ahora”, remarca.

Ese “hasta ahora” esconde mucho. “Detrás de esos casi 20 años hay muchas cosas, muchos chicos… Todos son como algo mío, ya que he entrenado a muchas generaciones. Y puedo decir que tengo el orgullo de haber formado parte del inicio del proyecto de Helvetia Anaitasuna. De esa época, aún sobrevive Carlos Chocarro, que lo trajo Juanto de Barañáin”, rememora.

ÉXITOS COLECTIVOS

En todo ese tiempo, ha entrenado en diferentes categorías, con las que ha conseguido resultados importantes. En todas ha ganado ligas (con infantiles, cadetes y juveniles), guarda un recuerdo especial por el ascenso a Plata como segundo entrenador tras haber ganado la liga de 1ª Nacional, ha participado en varios sectores… “Pero me falta llegar a una fase final del Campeonato de España, aunque me he quedado a las puertas varias veces. Espero que caiga algún día. Pero lo importante es alegrarte por el éxito colectivo que se está consiguiendo en Anaitasuna. El año pasado, por ejemplo, fue increíble: cadetes en la fase final, juveniles en la fase final, chicas en la fase final de infantil y victoria… Cuando yo entré aquí, conseguir algo así era impensable”, sostiene.

A su juicio, el cambio que ha habido en estas dos décadas en Anaitasuna ha sido enorme: “Ha cambiado todo. Cada uno entrenábamos y hacíamos lo que queríamos. Pero a raíz de llegar Carlos García, se ha unificado todo y ahora los entrenadores caminamos hacia el mismo rumbo. Todo va escalonado y los pasos de una categoría a otra están equilibrados. La evolución se ve, sobre todo, en el plan de cantera, que ha aumentado muchísimo. La organización y la formación de entrenadores es de lo mejor que tenemos, porque ahora hay chavales que tienen mucho conocimiento”.

En este sentido, reconoce que, en el club navarro, quien quiere reciclarse tiene opciones para ello. “Yo soy de los más veteranos y, cuando entré, no tenía ni idea de manejar un ordenador, de hacer cortes de vídeo… Y todo eso lo he aprendido aquí, porque los chicos jóvenes también me ayudan bastante”, apunta.

El cambio ha sido tan grande que, a su juicio, en la Comunidad foral no hay ningún otro club con la organización, la sistemática de juego o la programación con las que cuenta Anaitasuna. “Muy pocos clubes en España las tendrán. Yo te podría decir que, posiblemente, canteras míticas, como Barcelona o Granollers, pero pocas más“, destaca.

El papel de la cantera es, sin lugar a dudas, uno de los éxitos que más remarca de Anaitasuna. Algo que se ve reforzado por cómo el entrenador del primer equipo, Quique Domínguez, da pie a que jugadores de la base lleguen hasta arriba y tengan oportunidad de vestir la camiseta de Asobal. En los casi dos años que lleva el técnico pontevedrés al frente del conjunto navarro, diez jugadores de la cantera han jugado junto al primer equipo (siete de ellos, en competiciones oficiales).

“Ojalá que Quique nos dure muchos años -dice con deseo-. Para mí, además de que suba a jugadores al primer equipo, me gusta ir a ver su trabajo por el juego que ofrece. Y hay una cosa que valoro muchísimo: ver a Quique acudir a los partidos del 1ª Nacional me parece fundamental. Por eso, está donde está, aparte de lo que le pueda ayudar Pablo Galech, que conoce la cantera más que de sobra. Pero eso es, en definitiva, Anaitasuna”, proclama.

CATEGORÍAS SUPERIORES

Cuando mira al entrenador gallego, reconoce que a veces le sigue picando el gusanillo de formar parte de categorías superiores. “En alguna ocasión, me han ofrecido acompañar al entrenador del primer equipo. Pero he dicho que no, porque es demasiada dedicación. También te digo que me encantaría haber conocido la Asobal, ya que es lo único que me falta por conocer”, alega.

Esta misma temporada, por ejemplo, se le brindó la posibilidad de acompañar a Fermín Iturri como entrenador del equipo de 1ª Nacional. “Por tiempo, no pude aceptar. Pero solo por estar junto a Fermín, que me parece una maravilla y con el que habría estado muy a gusto, me apena un poco. Si tengo otra oportunidad de estar con él, no la descarto”, avisa.

En cuanto a su carrera como entrenador en la base, afirma que, aunque ha ganado títulos y ligas, lo que más valora es estar en su casa: “Es donde he podido seguir formándome y donde tengo la ilusión de venir a entrenar. Soy una persona que necesita el contacto con la gente joven, y esa oportunidad la tengo aquí. Yo a mis jugadores siempre les digo que, al final, se convierten como en mis niños. Me encanta ver a alguno en el equipo de 1ª Nacional, ponerme a hablar con él y notar esa cercanía. Eso está por encima de todo. Ves lo que les influyes, el respeto que te tienen, el cariño que notas por todos los años que has vivido con ellos… Eso es lo que queda, más allá de las victorias o las ligas”.

Esta declaración atesora mucha veracidad cuando se le pregunta por el mejor recuerdo que tiene de estos casi 20 años. “Por supuesto, el ascenso a Plata me lo guardo como el mejor recuerdo deportivo, pero me quedo con otra cosa -precisa-. Estos dos últimos años, había llevado a un chaval en cadetes con el que tenía muchos problemas para conectar. Nunca lo lograba. Y sucedió una cosa en el sector que jugamos el año pasado, en el que no perdimos ningún partido, pero en el último necesitábamos ganar y quedamos empate. Aquel chaval, después de dos años de no congeniar con él, tras aquel partido, estaba en mitad de la pista llorando y me dijo ‘José, te he fallado’, porque había errado en un par de acciones. Para mí, la mayor ilusión fue esa, abrazarnos y decirle que no me había fallado, que estaba orgulloso de él. Es algo que nunca me había pasado; estar con un chico con el que todo había sido una sucesión de malas caras y malos gestos. Y aquel día, terminar así fue algo muy emotivo y especial”.

En sus entrenamientos, además de los aspectos técnicos, especifica que lo que intenta en todo momento es que aprendan a competir. “Intento eso, que quieran competir. Evidentemente, dentro de las limitaciones de cada uno, pero que compitan y terminen los partidos con la sensación de haberlo dado todo. Y trato de que sean felices, de que no vengan a entrenar con desgana”, manifiesta.

Otro de los puntos que defiende que hay que subrayar de Anaitasuna es el del gran desarrollo que ha experimentado el balonmano femenino. “Ahora mismo, tenemos una decena de equipos femeninos, un hecho que nos ha costado mucho esfuerzo y mucho trabajo sacar adelante. Ha sido otro de los cambios brutales, porque, en unos pocos años, nos estamos poniendo a la cabeza del balonmano femenino también, aunque muchos no lo quieran reconocer. Las chicas cadetes e infantiles ya están arrasando como los chicos, con los que normalmente ganamos las tres categorías. Y este año igual se puede dar eso, que con infantiles, cadetes y juveniles ganemos. Estamos en ese camino”, anuncia.

Para terminar, vuelve a incidir en las fortalezas del club navarro: “Ha sido un acierto apostar por la cantera y hay que agradecerle a Carlos García el gran trabajo que ha hecho para estructurar toda la sección. Y además de formar jugadores, tenemos que sentirnos orgullosos de estar formando entrenadores. Eso es el futuro. Yo algún día me iré y es muy bonito saber que, detrás, tienes a un montón de chicos jóvenes a los que les apetece mucho ponerse a entrenar. Somos como una familia y eso es importantísimo. Todos colaboramos en organizar y desarrollar cualquier iniciativa. Y Anaitasuna, al final, es eso: la gente, la colaboración, las ganas de sacar cosas adelante”, concluye.

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