Hoy conocemos a…: David Razquin, el guardián del fútbol sala: “Prefiero una victoria con Anaitasuna que con cualquier otro equipo”

Entró en la sección con 17 años, después formó parte del Xota y luego regresó para capitanear al equipo de Segunda B, revelación de la temporada

En la carrera de un deportista, en el pecho de la camiseta pueden lucir muchos escudos, dependiendo de la época y la progresión. Pero debajo de la elástica, pegado a la piel, siempre hay un escudo que resulta imposible de borrar. En el caso de David Razquin Redondo (Pamplona, 12-11-1996), las letras angulosas de Anaitasuna y su color verde llevan asociadas a su vida desde que pisó el club por primera vez con seis años.

Cuenta que pasó bastante tiempo desde ese momento, más de 10 años, hasta que le dio una oportunidad al fútbol sala. Aficionado a practicar el fútbol de campo con sus compañeros de colegio, a sus 17 años, sus amigos de toda la vida y él decidieron comenzar a jugar este deporte en su club. “No había equipo de juveniles, así que entramos en Segunda Juvenil y terminamos ganando la liga ese primer año. Fue un gran comienzo y hacíamos un buen equipo”, relata.

Al finalizar ese primer año, recibió la llamada de un grande, el Xota Fútbol Sala. “Me dijeron que si quería hacer las pruebas. Cuando te llama un equipo así, es imposible decir que no. Estuve con ellos en su juvenil de División de Honor, que era la categoría más alta, y, para mitad de temporada, compaginaba ese grupo con el de Segunda B. La experiencia fue muy buena, ya que pasé de jugar al fútbol con los amigos, a hacerlo con deportistas que tenían muchas más nociones y mucho más conocimiento del fútbol sala”, expone.

Sin embargo, no le cuesta reconocer que nada se vive igual que como cuando se compite con el club en el que lleva casi dos décadas. “No siento igual un partido del Xota que uno de Anaitasuna. Yo soy una persona competitiva y, obviamente, quería ganar, pero con Anaitasuna necesito darlo todo y no tener ningún fallo. Es algo más importante. Prefiero una victoria con Anaitasuna que con cualquier otro equipo. Tiene ese plus de emotividad, porque es el club de tu vida”, reflexiona.

De hecho, uno de sus mejores recuerdos deportivos ha sido, precisamente, haber conseguido el ascenso de Tercera a Segunda B con el equipo en el que milita ahora como portero. “He sido de esta piscina desde niño, así que es normal que sea Anaitasuna el club que me aporta más emoción”, subraya.

ENTRENADOR DE LA BASE

No solo aporta sus reflejos bajo los palos, sino que también colabora con la sección, en la que ha entrenado a infantiles, cadetes y juveniles. Con los primeros, iban líderes en la tabla cuando saltó la pandemia, mientras que, con los segundos, logró el subcampeonato de Navarra. Si mira hacia dentro, apunta que el fútbol sala ha experimentado un cambio muy significativo en los últimos años en el club navarro. “Este deporte era muy pobre en Anaitasuna, ya que no había entrenadores con conocimientos; surgían algunos buenos jugadores, pero, como no tenían técnicos que les enseñasen, no podían desarrollar todo su potencial. Pero cuando José Narvaiz (el delegado de la sección) comenzó a involucrarse, empezó a mejorar. Sigue habiendo buenos futbolistas, pero, ahora, con entrenadores más completos, se potencian mucho más sus habilidades”, argumenta.

Los resultados confirman sus palabras. Ahí están el subcampeonato de Navarra de los cadetes y el reciente ascenso del equipo de Tercera a Segunda B, que vino precedido de unos últimos años en los que siempre terminaba en las posiciones altas. “Antes, eso era impensable”, sentencia.

Asimismo, precisa que aun no han llegado a su techo: “Queremos seguir creciendo. Ojalá que las categorías inferiores continúen mejorando y sigan peleando por ganar sus respectivas categorías. Y que el equipo de Segunda B siga progresando, aunque este primer año en la categoría está siendo espectacular. Pero es obvio que debemos construir todo desde la base, para que luego los equipos de arriba se puedan nutrir de los más pequeños. En el nuestro, por ejemplo, en el que tenemos una plantilla corta, nos hemos sostenido bastante en nuestro equipo de Tercera, que es prácticamente juvenil”.

También hace hincapié en el alto nivel que este deporte posee en Navarra, pese a ser una comunidad tan pequeña. “Así como en el fútbol campo solo está Osasuna, en el fútbol sala hay dos equipos en Primera División, y el Xota es un club histórico. La verdad es que salen muy buenos jugadores, sobre todo del valle de Salazar, de Ochagavía, Ezcároz… Muchos de los integrantes de nuestro equipo son de esa zona; el míster es de Jaurrieta; Javi Eseverri es también de Ochagavía… Es una barbaridad los jugadores que salen de ahí”, manifiesta.

MUY BUEN AMBIENTE

Ya más centrado en su experiencia dentro del fútbol sala, Razquin revela que, para él, este deporte significa una forma de desconectar: “Salgo de trabajar, vengo aquí y me olvido de todo. Son dos horas en las que no pienso en mis problemas y simplemente estoy entrenando y disfrutando con mis compañeros, ya que tenemos muy buen ambiente”.

¿Será esta característica la que los está empujando hacia las victorias? Así lo cree este portero de 25 años, que trabaja en el registro de la propiedad. “El otro día, el míster nos decía antes de un partido que no somos el mejor equipo, pero que, probablemente, somos el mejor grupo. Tenemos a gente muy buena, pero el grupo que formamos y el hecho de que nos llevemos tan bien y hayamos hecho tan buena piña es lo que nos está ayudando a conseguir tan buenos resultados en las pistas. Es algo que nos define. Si nos preguntas qué destacaríamos de nuestro equipo, todos te diríamos eso, el grupo tan unido que hemos formado y nuestro compañerismo. En los últimos meses, hasta quedamos antes de los entrenamientos para jugar al mus”, cuenta.

Eso es algo que enseña a sus niños cuando entrena o colabora con algunos de los equipos más jóvenes. “Les digo que se lleven bien entre ellos y que hagan un buen grupo, porque, si te llevas bien con tus compañeros y los conoces perfectamente, entonces te relaciones mejor, te asocias mejor en el campo y sabes cuáles son los puntos fuertes y los flacos de cada uno. Y también les animo a que disfruten jugando, ya que, si no se disfruta, mejor no hacerlo”, opina.

Otra de las cualidades que resalta del conjunto de Segunda B es el ansia de superación: “No nos rendimos jamás. Somos un equipo que, aunque vayamos perdiendo o a pesar de que el rival que esté enfrente sea muy bueno o que el partido sea difícil o se ponga cuesta arriba, nosotros nunca damos un balón por perdido, vamos a muerte, a por todas. Y metemos un gol y nos venimos arriba. Esa es nuestra principal seña de identidad”.

Bajo su visión de portero, cree que su puesto es mucho más vital que en otros deportes, sobre todo pensando en el fútbol campo que practicaba anteriormente. “En ese deporte -precisa-, te llegan tres tiros, te meten dos y te han hundido el partido. En fútbol sala, en cambio, participas más, te llegan más balones. Y, si el portero está bien, el equipo al completo está bien. Si el portero está mal, el equipo se muestra más impreciso, más nervioso“.

Son nociones que afloran cuando uno ve la tabla clasificatoria y comprueba que un equipo recién ascendido a Segunda B marcha tercero. “Llevamos una racha de siete victorias y un empate en los últimos ocho partidos. A final de temporada, los cuatro primeros juegan la fase de play-off. Se trata de una posición en la que ya acabamos en la primera vuelta, por lo que no es un logro tan descabellado que podamos mantenerla. Creíamos que empezaríamos a pinchar y a bajar puestos, pero seguimos ganando. Vamos a continuar yendo por esa línea y todo lo que llegue será bienvenido”, concluye.

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