Hoy conocemos a…: Iñaki Aguirre, socorrista en Anaitasuna: “La relación directa con el socio te hace vivir las cosas intensamente”

El pasado mes de enero, este pamplonés tuvo que socorrer en la piscina retráctil a un hombre que entró en parada cardiorrespiratoria

A veces pueden pasar desapercibidas, pero la función y la figura de un socorrista cobran una importancia mayúscula cuando la necesidad aprieta y la vida te pone en una situación en la que no valen las dudas. Iñaki Aguirre Arrastia (Pamplona, 24-06-1980) lleva siete inviernos poniendo su serenidad y su buen hacer al servicio de los socios de Anaitasuna. Y eso incluye tanto la labor callada de la vigilancia diaria desde su silla, hasta actuaciones como la registrada el pasado mes de enero, en la que durante más de una hora se desvivió por conseguir que una persona saliera adelante tras sufrir una parada cardiorrespiratoria en la piscina retráctil.

Seguramente, casi nadie sabrá que este pamplonés estudió una FP de Mecánica Industrial en Salesianos, aunque nunca ha ejercido como tal. En la época en la que la cursó, “es lo que se llevaba”, indica. “Yo quería hacer algún tema relacionado con el deporte, pero, en ese momento, no había disponible la formación que hay actualmente. Así que hice lo que me dijo mi padre”, sostiene.

Sin embargo, su pasión era y sigue siendo el deporte. Tanto que, paralelamente a su trabajo en la imprenta de su familia, iba avanzando en su carrera dentro del mundo del fútbol. “Con 20 años, me saqué las titulaciones nacionales de entrenador de fútbol y de fútbol sala. Estuve cinco años en Osasuna como técnico de la base. A esos hay que sumar otros cinco años en la Txantrea y, después, mi paso por la Federación Navarra de Fútbol, donde he estado diez años como seleccionador de los equipos de sub-16 y sub-12. Ahora, soy seleccionador del conjunto femenino sub-15”, relata.

Su apetito por la formación nunca se agota. De hecho, realizó después un máster en dirección de gestión deportiva, tras el que trabajó como coordinador de fútbol en clubes como la C.D. Amaya o, muy brevemente, en el Lagunak, y ahora está finalizando una FP de Farmacia. No obstante, está asentado en el socorrismo desde que en la empresa en la que trabajaba, Urdi, le dijeron que se sacara el título porque iban a abrir unas pruebas. “Ya hace nueve años de eso. Donde menos me esperaba, al final es a lo que me estoy dedicando”, puntualiza.

Sus inicios en este campo fueron en la CDSCM La Ciudadela durante un verano. El invierno siguiente, ya empezó a trabajar en la S.C.D.R. Anaitasuna, cubriendo bajas y excedencias durante algunas horas. Poco a poco, fue enlazando contratos y terminó quedándose. “Llevo ya más de siete años y me gusta mucho el trabajo. Es una labor en la que me siento seguro. También por mi carácter, ya que soy una persona serena”, alega.

La personalidad no es un tema baladí, según argumenta. “Desde luego, lo primero es estar formado. Pero es verdad que puedes tener mucha formación y eso te capacitará para hacer una buena actuación, pero, si tienes serenidad, eso te permitirá estar reposado y fijarte más en los pequeños cabos que puedan quedar sueltos. En ese sentido, me han venido muy bien mis años de competición con Osasuna y con las selecciones, porque allí hay mucha responsabilidad, se te reclaman resultados, hay mucha exigencia. Y eso te ayuda a templar el carácter”, subraya.

SUCESOS QUE MARCAN

En todos sus años como socorrista, hay dos sucesos que lo han marcado. “Lo más grave que me ha tocado vivir, junto con lo sucedido aquí en enero, fue un derrame cerebral de una chica de 16 años. Me tocó en mis comienzos, pero no fue en mi jornada, sino que ocurrió en el cambio de turno. Así que, en ese caso, no me tocó intervenir de manera tan directa como en Anaitasuna, donde estuve desde el inicio hasta el final”, afirma, antes de apuntar una de las claves del trabajo en el club navarro: “Lo complicado de estas situaciones es que tienes mucha relación con el usuario. Convives mucho con los socios y tienes mucha empatía con ellos. Si tienes que actuar en un accidente en la carretera, lo haces y ya está, ahí queda. Pero cuando tienes una relación más directa o personal en el día a día con el socio, las cosas se viven después más intensamente”.

Lo vivido en la piscina retráctil el 18 de enero del 2022 no se le olvidará fácilmente. Para relatarlo, lo primero que hace es hablar de la prevención. “Es lo prioritario, en lo que más te tienes que fijar. Yo conocía a la persona y, según qué tipología tiene, estás más alerta. Puede ser por la edad, por el estado físico, por sus condiciones… Y ese era un día en el que la piscina estaba muy tranquila, lo que me permitió estar prácticamente solo para él”, cuenta.

Cuando se refiere a prevención, está hablando, por ejemplo, de percibir un cambio en su comportamiento habitual. “Ese día, ese socio no me saludó como lo hacía todos los días, no se acercó a mí, como solía hacer, y eso ya me hizo ponerme alerta. Bajé de mi puesto e hice una vigilancia más activa, más cercana a la piscina. Como lo tenía muy a la vista y muy cerca, en cuanto me di cuenta de que la cosa no iba por los cauces normales, me acerqué aún más y ello me permitió intervenir muy precozmente, que es en lo que más se incide en la formación”, detalla.

Tal y como explica, en la cadena de supervivencia, se ha de ser muy precoz: “Puedes hacer todas las actuaciones, pero, si no son precoces, se pierde mucha esperanza de que lo pueda superar. No es lo mismo avisar a la ambulancia después de un minuto, que en cuanto lo detectas, por ejemplo”.

Ahora, echa la vista atrás y reconoce que, en esos momentos de tensión máxima, no puedes pensar en nada, solo actúas. “Te salen solos los protocolos, no hace falta que te pares a pensarlos. Y en el tema emocional y de responsabilidad, también estaba tranquilo, porque no los percibes en esos instantes”, aclara.

“La situación la empiezas a ver grave cuando pones el desfibrilador. Los primeros pasos, como sacarlo del agua, hacerle el masaje cardíaco, etc., salen instintivos. Se ha estudiado mucho y se sabe que el cuerpo genera una subida de adrenalina que hace que, en ese momento, pudieras mover un tren o un muro. Lo haría cualquier persona si le ocurriese algo grave a algún familiar”, expone.

PROTOCOLO A RAJATABLA

Aunque el resultado final fue trágico, ya que ese socio terminó falleciendo esa noche en la UCI, el protocolo se siguió a rajatabla y la persona llegó viva al hospital. “Cuando llegó el servicio médico y la ambulancia, que fue muy rápido, se te abren las puertas del cielo, porque llegan con medicinas y viene también el médico. Ahí sí que creíamos que, una vez que se lo había estabilizado y que lo ingresaban en la UCI, iba a tener esperanzas de sobrevivir. Cuando descubres el desenlace, te queda un sentimiento de pena y tristeza. Porque era un socio con el que convivía a diario”, manifiesta.

Normalmente, Aguirre especifica que, horas después, es cuando llega la bajada de adrenalina y uno se desploma física y psicológicamente. “Yo intenté estar activo. Llegué a casa, me di una ducha, comí poco, ya que no tenía apetito, y me fui a visitar a la familia al hospital. Además, tuve muchas llamadas y mensajes de apoyo. Pero sí que, por la noche, me desperté en dos o tres ocasiones pensando en cómo estaría. En ese período es cuando sufrí el mayor bajón“, dice.

No obstante, lo peor estaba todavía por llegar: “El momento más duro es, sin duda, el de volver a la piscina, el de regresar al escenario en el que ocurrió todo. Fuera de ese entorno, puedes llevarlo bien. Pero cuando vuelves a trabajar, ese primero segundo al entrar a la piscina… Ahí te vienen encima todos los recuerdos. Me acuerdo de que fui a la esquina donde pasó todo y estuve allí un minuto para mí. Le recé un padrenuestro, eché un beso en el suelo y, a partir de ahí, cuenta nueva. Pero, en esa primera hora, no haces más que rebobinar todo lo que pasó. Y, posiblemente, el momento más difícil fue el primer minuto de ese turno, cuando me reincorporé a mi puesto de trabajo. Ahí te llegan los recuerdos, las palabras los gestos…“.

Si algo agradece Aguirre es la cercanía que le mostró la familia del socio. “En el duelo personal, se agradece muchísimo que estuvieran cerca, que se preocuparan por ti, porque, en realidad, son ellos los que estaban pasando por una situación difícil. Y tener esa empatía contigo, preguntarme cómo estaba, cómo lo había vivido… Todo eso es muy de agradecer. Tienen una calidad humana enorme, porque no tiene que ser nada fácil, en esos momentos, venir a Anaitasuna y dar las gracias al socorrista, al personal de la instalación, a todos los que colaboramos aquel día”, destaca.

APRENDIZAJES

De lo vivido ese 18 de enero, revela que también asume aprendizajes. “Yo me he formado en psicología cognitiva y evolutiva, y me encanta leer sobre temas emocionales y psicológicos. Por supuesto que una cosa así te marca, pero, desde una perspectiva más reposada, valoras cómo fue tu labor: la detección fue así, la actuación fue así, qué he hecho bien, qué se podría haber hecho mejor, qué pequeña cosa podría haber incluido en la tarea… Te da mucho aprendizaje técnico”, resalta.

Y, de nuevo, regresa al respaldo que ha sentido en Anaitasuna. “Yo lo he notado muchísimo y me ha sorprendido todo el apoyo que he recibido. Todos mis compañeros me llamaron o me escribieron ese día, preguntándome cómo estaba. Normalmente, la gente lo que quiere saber es qué ha pasado, y yo soy una persona muy reservada. Pero no hizo ni falta, porque todos respetaron mucho la situación. También los usuarios y socios del día a día me iban preguntando cómo lo llevaba. Se agradece un montón, porque, en una situación complicada, verte solo, por muy sereno que seas o por muy formado que estés, nunca es agradable. Me he sentido muy arropado”, insiste.

Por último, describe que, a su juicio, Anaitasuna es una piscina sobresaliente. “Como trabajador, creo que es la mejor que hay, porque vivo cerca y siempre me hacen sentir como en casa. Y en cuanto a socios, especialidades de actividades, oferta deportiva, posibilidades sociales, el nivel de las instalaciones…, está muy preparada. Es una piscina referente en Navarra“, refuerza.

Aguirre, sin embargo, no quiere terminar el diálogo sin hacer hincapié en el gran trabajo de equipo que se da en Anaitasuna: “Ese día, me tocó a mí ser la cabeza visible, pero cualquier otro socorrista de los que estamos aquí lo hubiera hecho igual que yo. Y desde los compañeros de Mantenimiento que actuaron también conmigo, hasta todo el personal del club, que se unió en ese aspecto, fue un gran trabajo de equipo. Puede parecer que el socorrista está sentado en una silla y se encuentra solo para resolver estos problemas, pero, cuando pasa algo así, todo el mundo se vuelca. Y en ese sentido, Anaitasuna fue un todo para tratar de salvar la vida a esa persona“.

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